sábado, 24 de mayo de 2008
La Caja Infame
Horror laboral
Al informatizar su reducida base de datos y comenzar a recibir encargos de salchichas por internet, mi trabajo se ha multiplicado y he de desplazarme por toda la ciudad repartiendo pedidos a tipos de los más desagradables. Por supuesto, tan sólo llegan a su destino 1/100 hotdogs, el resto son debidamente engullidos por mi desalentado ser.
Pero mi terrible amo, ese salchichero apestoso se ha propuesto denigrar mi cuidada imagen y pretende que me ponga este nuevo uniforme que según él, aumentará las ventas de este negocio en declive

Les informaré de las luchas sindicales que he de ponerme a urdir, las estrategias para desmoronar imperios logísticos son mi especialidad.
Salvajemente, Ignatius.
viernes, 23 de mayo de 2008
La prueba

Observen este bello cuadro del primer Conde Duque, con ese porte, ese bigote, esa robustez elegante, que tan similar lo hace a mí.
Nota sanitaria. Válvula abierta.
jueves, 22 de mayo de 2008
Los autores muertos y el animal moribundo

No obstante, y para que vean lo abierto de miras que soy, de vez en cuando cojo un libro moderno, del siglo XX, o incluso, horror, del siglo XXI. Este es el caso del último que he leído, The dying animal (El animal moribundo, para los que no están instruidos en la augusta lengua de Shakespeare), de un tal Philip Roth.
Con objeto del estreno de una película basada en la novela, recordé que en una carta, una de las infames recomendaciones de mi rival Miss Minkoff, había sido, precisamente, The dying animal. Busqué en Internet información sobre su autor, y leí que es uno de los más reconocidos por parte de la crítica actual. Debí haber desconfiado de su supuesta calidad al leer la información en ese invento maléfico que es la Wikipedia (con el que tuve problemas como recordará el lector avispado y fiel). No obstante, me dispuse a leer el libro, aunque sin abandonar mis habituales reservas, que en este caso, fueron más que justificadas.
The dying animal es un libro indecente y despreciable, y carente de geometría y de teología como pocos he leído. La representación de la relación entre un maduro profesor universitario y una joven estudiante no puede ser más desagradable, con excesivas descripciones de actos sexuales con superabundancia de fluidos, unas descripciones que me temo sólo pueden agradar a gente con mal gusto, a señoritas como mi eterna rival, que molesta constantemente a la gente decente con sus apologías de la menstruación y sus soflamas a favor de la actividad sexual frenética.
Atónito ante tal despliegue de erotismo exacerbado, y extraño para mí debido a mis ascéticas costumbres y a mi decencia, me vi obligado a leer el libro hasta el final, sólo para comprobar hasta qué nivel de degradación llegaba. Afortunadamente, el clímax de la inmundicia estaba hacia la mitad del libro, y no sufrí en exceso con el resto.
Lo único que puedo decir a su favor es que alguna descripción del cuerpo femenino resultó vagamente estimulante, y que el libro representa muy bien el nivel de bajeza que impera por lo general en esa institución terrible que es la Universidad, con la que tuve una relación conflictiva, ya que me proporcionó valiosos conocimientos, pero a la vez es uno de los lugares en los que he conocido más ignorantes y gente de mal gusto. Como la señorita Minkoff, que debería dejar de leer inmundicias y coger La consolación de la filosofía, como voy a hacer yo ahora para olvidar esta traumática novela de Roth y sus descripciones espeluznantes.
Hasta pronto, lector.
Ignatius J. Reilly, crítico implacable
miércoles, 21 de mayo de 2008
Decente infancia
Rebuscando en mi carcomido y caótico armario, con la esperanza de hallar alguna fotografía o grabado que me recordara a un viejo amigo, mi perro Max (desgraciadamente, pues era el único ser inteligente en esta casa a parte de mí, murió hace algunos años ya), encontré otro tesoro para mi fortuna:
"El Maravilloso Mago electrónico" es un juego de lo más educativo y divertido, seguramente le debo a él parte de mi sapiencia y alguna empresa de juguetes debería volver a comercializarlo para aumentar, aunque fuera minimamente, el coeficiente intelectual de los niños de hoy en día que por ejemplo, ante una de las preguntas del maravilloso mago:
¿Quién fue el más célebre viajero de la Edad Media?
Responderían con ese aire altivo típico de los niños, Harry Potter.
O peor, Mario Bros.
Bueno, quizás no escriba nada durante unos días. Estaré ocupado con este descubrimiento inesperado.
Fantasía abominable
martes, 20 de mayo de 2008
Juzguen ustedes
Juzguen ustedes su contenido, que incluye la foto que ven. Juzguen ustedes, yo no diré nada.
M. Minkoff

Lectores, ahora voy a ocuparme con actividades más elevadas. Voy a seguir escribiendo la fantasía sociológica en la que estoy inmerso, una gran obra que contendrá verdades reveladoras sobre la cosmología actual y el modo en que vive la gente su identidad en esta sociedad vertiginosa y decadente.
Saludos
Ignatius J. Reilly
lunes, 19 de mayo de 2008
Lamento el hecho de que algunas personas existan
No, yo no seré tan desgraciado como para renunciar a la castidad y obediencia que ejemplifican mi caracter e iluminan a los hombre débiles que azotan la Tierra.
He de seguir el camino recto que me marque Filosofía, como Boecio, que en los peores momentos de su encarcelamiento le sirvieron de consuelo y aliento.
La Iglesia Evangelista americana que se muestra en el catártico film Jesus Camp no va a modificar mi moral. Ja, como lo conseguiría, ¿con ataques epilépticos colectivos?, ¿acaso las lágrimas que arranca el pecado del alma de los inocentes? ¿con familias felices exorcizadas por dudosas religiosas? Todo eso me repugna, la corrupción del ser humano es infinita en sus variantes y me niego a creer lo que ven mis ojos en esa pantalla llena de electrodos desintegrados.
Sí, la voz poderosa de Rosvita, la literatura sacra y las salchichas és lo único que debería devolver la calma a nuestras agitadas almas.
Desde el claustro interior, Ignatius.
Les dejo el trailer para que se estremezcan:
domingo, 18 de mayo de 2008
Informática decente
Hoy estoy lleno de gozo, pues he visto que Internet no es tan indecente como yo pensaba.
He encontrado la web de los que diseñaron el software Loco Script. Para todos los que sólo usan los programas modernos y en color, Loco Script es el software con el que funciona mi Amstrad, ese estupendo ordenador que con su sencilla pantalla verde, es un símbolo de mi propia sencillez, y un reducto de tiempos mejores para la informática y para la vida en general. Desde esta página todavía se puede comprar software para esta encantadora máquina, así como otros accesorios, y versiones del programa para engendros modernos. Sí, quizá pueda con alguno de estos programas por fin conectar el Amstrad a Internet, y deshacerme de la infame máquina nueva que me vendió el chico de la tienda, que a buen seguro ignoraba la existencia de esta página web.
Ignatius J. Reilly, informático experto