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viernes, 6 de junio de 2008

On the road


Fieles (y tímidos) lectores:

Una nueva vida empieza para mí. Dejo atrás la existencia recluída de mi casa de New Orleans con mi anciana madre. Ahora escribo desde un área de servicio, tomando un delicioso Dr. Nuts, mientras Myrna consulta un mapa. Mi válvula se abre al respirar el aire fresco de la noche. Voy de viaje con mi antigua enemiga, montado en su furgoneta mexicana, hacia el norte, hacia el Bronx trepidante, quizá hacia más al norte, hacia misteriosos y nevados países bilingües y decentes; que retrataré en este blog que ahora comienza una nueva etapa.
He logrado rescatar del fuego un par de cuadernos, los disquetes que contenían lo fundamental de mi gran obra, mi abrigo de cuadros y mi gorra de cazador, Myrna ha venido a casa y hemos conseguido salir antes de que llegara la policía a detenerme por prácticas antiamericanas, como si no hubiera delincuencia en mi antigua y corrupta ciudad.
Myrna conduce con destreza, ya ahora también con mesura gracias a mi consejo. Parece que Fortuna me ha salvado por fin de un ciclo espantoso.
Tendrán noticias mías.

Ignatius J. Reilly, on the road.

Al comienzo de la escapada

El fin acaba de comenzar, mi madre me ha cogido desprevenido mientras tecleaba en mi Amstrad y se ha desecho de todos mis bienes de la manera más irreflexiva posible: quemándolos en el horno. Toda la casa está llena de humo, es insostenible la situación.
En la mansión del Rey de la Montaña de Grieg resuena al compás de los chasquidos del fuego y temo que sea una estratagema de esa vieja loca para obligarme a salir de mi cuarto a buscar trabajo y abandonarla al libertinaje mientras TODOS mis cuadernos Big Boss, mi guante de plástico y cuantiosos objetos de valor arden atizados seguro por algún brebaje de alto grado.
No sé cuanto más lo podré soportar, la situación es insostenible y ustedes saben que no soy nada quisquilloso. Comienzo a escuchar gritos provenientes de la casa de la vecina, es posible que las llamas estén alcanzando ya su cutre cobertizo. Espero que denuncie a mi madre y acabe de una vez en la Prisión Federal. Mi válvula se cierra, noto la bilis en mi boca. Es hora de ir a buscar un Dr. Nuts.

Superviviente, Ignatius. J. Reilly.

lunes, 2 de junio de 2008

Mi válvula



Para todos aquellos que, como mi madre y Myrna, dudan de la existencia real de mis malestares pilóricos, escribo este post y pongo esta bella ilustración.

La válvula pilórica conecta el estómago con el intestino delgado, y se cierra o se abre para dejar paso a los alimentos. El cierre de la válvula evita que los alimentos pasen antes de tiempo al intestino, pero si se cierra cuando no debe, desata reacciones terriblemente molestas, que no me detendré en desgranar.

Ya podrán adivinar los lectores en qué estado nos encontramos mi válvula y yo con los niveles de estrés a los que estamos sometidos...