miércoles, 4 de junio de 2008
Un país como Dios manda
viernes, 30 de mayo de 2008
Por fin algo de Teología y Geometría

jueves, 29 de mayo de 2008
¿Por qué dan la nacionalidad americana a británicos indecentes?
Gracias a esto me he enterado de que le han dado la nacionalidad americana a un escocés indecente que desde hace tres años o así contamina las horas tardías de la programación con sus chistes soeces y su humor chabacano. No es que yo apruebe ninguna forma de humor, porque una vida recta ha de ser seria y solemne, consagrada a causas elevadas que trasciendan la vana humanidad, tan pestilente, pero por supuesto aborrezco unas formas de humor más que otras. Os dejo una muestra de la indecencia de este caballero, que encima presume con irritante insistencia (incluso se atreve a decir que es norteamericano en español) de su recién adquirida nacionalidad, que para mí no es más que una prueba de que este país ha tocado fondo y es hoy más inmundo que nunca.
Espero que otros ciudadanos se sientan tan indignados como yo ante este atropeyo y me ayuden a recaudar firmas para devolverlo a su país de origen, que aunque monárquico, está abocado a la destrucción y la repugnancia por su humor homoerótico, escatológico y mundano. Ojalá la Reina de Inglaterra tuviera poder para poner a estos sujetos donde se merecen: bajo tierra y a buen recaudo.
Fdo. Ignatius J. Reilly, radical defensor de la decencia y el buen gusto.
lunes, 26 de mayo de 2008
Videojuegos de antes y de hoy
¿Dónde han quedado los juegos de antaño? En las tiendas desde luego no. Menos mal que conseguí que arreglaran mi Amstrad, porque he encontrado un foro donde aficionados nostálgicos intercambian juegos para mi máquina, e incluso los venden cuando se cansan de ellos. He contactado con un amable caballero llamado "SenseOfLife42" que está dispuesto a venderme algunos clásicos por un módico precio. Aquí dejo las imágenes que me ha mostrado:

Tengo muchas ganas de probarlos. Estos sí son juegos decentes y clásicos, que invitan al entretenimiento puro sin pedir nada a cambio. Manifestaciones sinceras de creatividad y buen gusto. Cuando haya juegado el tiempo suficiente, hablaré un poco más de estos clásicos imperecederos que la modernidad pugna por exterminar con todo su descaro y su indecencia. Yo les enseñaré.
Fdo: Ignatius J. Reilly, Nostálgico informatizado.
miércoles, 21 de mayo de 2008
Fantasía abominable
domingo, 18 de mayo de 2008
Informática decente
Hoy estoy lleno de gozo, pues he visto que Internet no es tan indecente como yo pensaba.
He encontrado la web de los que diseñaron el software Loco Script. Para todos los que sólo usan los programas modernos y en color, Loco Script es el software con el que funciona mi Amstrad, ese estupendo ordenador que con su sencilla pantalla verde, es un símbolo de mi propia sencillez, y un reducto de tiempos mejores para la informática y para la vida en general. Desde esta página todavía se puede comprar software para esta encantadora máquina, así como otros accesorios, y versiones del programa para engendros modernos. Sí, quizá pueda con alguno de estos programas por fin conectar el Amstrad a Internet, y deshacerme de la infame máquina nueva que me vendió el chico de la tienda, que a buen seguro ignoraba la existencia de esta página web.
Ignatius J. Reilly, informático experto
viernes, 16 de mayo de 2008
Satisfacción
Estimados lectores:
La Rueda de la Fortuna ha girado a mi favor. Estoy muy satisfecho al ver los números crecientes que van apareciendo en el contador a una rapidez vertiginosa conforme ustedes entran en el blog. Eso significa que tienen la voluntad de instruirse con mis reflexiones. Por ello, como ven, he aumentado mi frecuencia de publicación de entradas, y de momento no les voy a cobrar.
Sigan leyéndome. Les aguarda aquí un tesoro de sabiduría.
Atentamente,
Ignatius J. Reilly, internauta satisfecho
Nota sanitaria. Estado de la válvula: abierta.
martes, 13 de mayo de 2008
Odisea por un Amstrad. El desenlace
Decía que entré en una tienda de electrodomésticos donde se me trató de manera sumamente inaceptable, teniendo en cuenta mi comportamiento y dicción envidiables. Pasaré pues rápidamente sobre este episodio de vergüenza y decadencia moderna y simplemente diré que salí del antro inmundo con una negativa (al parecer ni siquiera venden ordenadores junto a lavadoras en este mundo odioso y falto de geometría) y con las manos tan vacías como había llegado. No me arreglaron el ordenador porque, según el viejo chocho que me atendió “allí de eso no entendían y que si quería un lavaplatos bien, pero que para máquinas modernas me fuera a un centro de electrónica”. Una vez más me veo obligado a poner de manifiesto las incongruencias de esta sociedad despreciable que tan pronto te deslumbra con su diabólica inventiva como te muestra sus infames y descaradas limitaciones.
Así pues, salí de la tienda de electrodomésticos y muy penosamente me avine a tomar un taxi para transportar el ordenador (carrito incluido) hasta el centro, lo que me permitió descansar mis potentes y cansadas piernas durante varios minutos antes de ponerme en marcha de nuevo. Al bajar del taxi lo primero que hice fue buscar un banco en el que aposentarme, y dado que no encontré ninguno me dejé caer en un portal y me comí un segundo bocadillo, para recuperar las fuerzas tanto físicas como morales. Al cabo de esta refrescante actividad pude retomar mi valiente odisea y me puse a buscar una tienda de electrónica.
Si el lector es avispado recordará mi primera entrada, donde haciendo gala de gran habilidad narrativa (leer basura moderna proporciona una gran perspectiva sobre el tato del suspense en la literatura, y al fin y al cabo por Internet sólo me van a leer incultos que necesitan esta clase de juegos narrativos para disfrutar de cualquier texto escrito) me atreví a adelantar algunos acontecimientos. Decía en aquella primera entrada que en la tienda de electrónica tampoco me ayudaron en un principio, pues el jovenzuelo descarado que me atendió aseguraba que mi Amstrad no servía para conectarse a Internet. Me indigné tanto que no pude menos que soltarle un discurso edificante y muy ilustrativo sobre la modernidad y sus contradicciones flagrantes, en el transcurso del cual cité varias veces a Boecio y una a Alfred Hitchcock, por lo del suspense (y no porque apruebe en lo más mínimo ninguna de sus películas, que son en su totalidad insultantes y faltas de buen gusto). El chico aprendió la lección y al acabar yo mi discurso casi me rogó de rodillas que le dejara mi Amstrad para arreglarlo. Incluso me vendió por muy buen precio un ordenador nuevo que, aseguró, sí me serviría para conectarme a Internet.
Así pues, como un auténtico pionero, ahora cuento con dos ordenadores de mi propiedad ambos en perfecto estado de funcionamiento. Y os preguntaréis: ¿cómo conseguiste, Ignatius, los portentosos conocimientos que te permiten manejarte por la web con tal gracia y sapiencia ejemplar? Eso es otra historia, así que será contada en otra ocasión.
Concluye aquí mi “Odisea por un Amstrad”, a las puertas de mi sesión televisiva diaria. Si es lo bastante inmundo el programa que vea publicaré una crítica más tarde. Si no, simplemente comeré.
Fdo. Ignatius J. Reilly, internauta pionero.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Qué inmundo es el cine

Como bien sabéis, en repetidas ocasiones he deseado que en todos los cines del mundo se fuera la luz indefinidamente para dar unos instantes de tregua al gran desasosiego que me producen las indecencias que se proyectan día tras día en esas pestilentes salas abarrotadas de jóvenes sobrehormonados y jubilados ociosos.
Pero hoy, Fortuna se ha dignado a mostrar ante mis incrédulos ojos un film nada corriente en la trayectoria que precede a mi segundo hogar en esta corrupta ciudad, el Orpheum de New Orleans. A pesar del esfuerzo que me ha supuesto transportar mi prominente físico cargado con un vasto alijo de palomitas y chocolatinas hasta el asiento, he salido satisfecho y por primera vez en mucho tiempo no he sentido deseos de blandir mi iracundo sable contra los espectadores y tan sólo interrumpí la proyección con algunos sonidos guturales propios del sobrecogimiento.
Ante la tediosa cartelera decidí entrar a ver Lars y una chica de verdad, alentando al reconocer quien era el director: Craig Gillespie, que ya en el pasado me cautivó con su inolvidable comedia Cuestión de pelotas. Sí, Lars y yo tenemos mucho en común; ambos somos seres solitarios, incomprendidos, grandes hombres a los que la familia y el trabajo a menudo enturbian por pura envidia de nuestro loable y espartano modus vivendi. Sólo que mi homólogo en la pantalla pasa a convertirse en el centro de atención de la comunidad al encontrar a una preciosa compañera, al que ni yo ni él encontramos ningún defecto estructural ni mental: Bianca.
Ese trozo de plástico me sería de gran utilidad, no sólo por el descanso que supondría a mi agotada musculatura, si no una gran oportunidad de conversar con un ser de mi altura, no como mi vieja madre (que últimamente está insoportable, ya que han puesto de oferta el whisky en el supermercado, 2X1). Tampoco me ofuscaría con absurdas ideas revolucionarias como mi eterna enemiga, esa trifulcante, la Srta. Minkoff, que por cierto, ¿Qué será de ella? ¿Qué clase de fechorías estará tramando esa adversaria de las buenas costumbres? Desde luego no tendré que volver a pensar en ella si consigo una de esas Biancas…
Os abandono con gran lástima, sé que este blog es lo único de calidad que leéis.

