Mostrando entradas con la etiqueta Videojuegos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Videojuegos. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de junio de 2008

Echo de menos mis videojuegos

Amable pero ciertamente poco avispado lector, lamento haber estado ausente durante estas horas aciagas, pero no consigo encontrar ánimos para escribir nada coherente. La culpa la tiene mi madre (sí, esa manifestación del maligno en forma de anciana que acecha en cada rincón con ojos extraviados y aliento con olor a whisky, como recién salida del averno) que, haciendo ostentación del más vil de los ánimos, ha escondido mi Amstrad definitivamente y no me deja jugar a los videojuegos.

Ahora estoy utilizando el ordenador moderno, que no me gusta nada para jugar, porque los colores chillones me marean y los argumentos de los videojuegos son rebuscados, negros y de mal gusto. Cuando juego con este ordenador no paro de matar gente cuyas vísceras impregnan mi pantalla, y eso, después de comer tantos productos Paraíso me revuelve el estómago de una manera horrible y absolutamente inaceptable. Al final se me acaba cerrando la válvula y me tengo que acostar. Para colmo, cuando intento jugar a juegos menos violentos no acabo de entenderlos... ¿por qué el monigote colorista ese que manejo de vez en cuando no tiene brazos ni piernas, pero sí manos y pies? Es todo tan absurdo que me deprimo mucho.

Yo lo que quiero es jugar con mi Amstrad al Space Invaders... es un juego tan geométrico y teológico... sobretodo geométrico, porque tanto la nave como los marcianitos como los lasers que con tanta habilidad disparo están hechos con cuadraditos. Y el Pong, ese sí es una obra maestra. Nunca pensé que jugar a tan burda analogía del Tenis (juego, por todo lo demás, absolutamente odioso) podría llegar a ser una actividad tan sublime... me estoy poniendo melancólico.


Yo quiero mi ordenador. ¡Lo quiero!

Fdo. Ignatius J. Reilly, Intelectual incomprendido.

lunes, 26 de mayo de 2008

Videojuegos de antes y de hoy

Desde que tengo dos ordenadores paso bastante tiempo intentando desentrañar los misterios del insondable y perturbardor mundo de los viedojuegos. Los videojuegos, que en los albores de su nacimiento eran inocentes programas de dibujo tosco y poco agraciado, programas que no buscaban más que la diversión limpia y pura que produce el rebotar de una pelota o la mera interacción humana con la máquina, se han convertido hoy en pozos de depravación, indecencia, erotismo, violencia y bajezas vacías y sin fundamento. Los juegos que se me ofrecen en las tiendas para el más moderno de mis ordenadores son un derroche de color y técnica que no se ve sustentado por la más mínima jugabilidad, y me resulta de lo más insultante verme manejando a un muñeco de color y forma absurdos (a veces mi personalidad se encarna incluso en la de una mujer de formas exhultantes, lo cual me parece del todo inadmisible) que no quiere obedecer a mis comandos y siempre acaba cayéndose al precipicio. Por otra parte, no entiendo los juegos de coches. Conducir no es, ni de lejos, una actividad divertida. Es un deber y una necesidad que mi obsesa madre debe cumplir para asegurar el sustento de la familia, nada más.

¿Dónde han quedado los juegos de antaño? En las tiendas desde luego no. Menos mal que conseguí que arreglaran mi Amstrad, porque he encontrado un foro donde aficionados nostálgicos intercambian juegos para mi máquina, e incluso los venden cuando se cansan de ellos. He contactado con un amable caballero llamado "SenseOfLife42" que está dispuesto a venderme algunos clásicos por un módico precio. Aquí dejo las imágenes que me ha mostrado:





Tengo muchas ganas de probarlos. Estos sí son juegos decentes y clásicos, que invitan al entretenimiento puro sin pedir nada a cambio. Manifestaciones sinceras de creatividad y buen gusto. Cuando haya juegado el tiempo suficiente, hablaré un poco más de estos clásicos imperecederos que la modernidad pugna por exterminar con todo su descaro y su indecencia. Yo les enseñaré.

Fdo: Ignatius J. Reilly, Nostálgico informatizado.